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2010 TOUR - SUPERTRAMP, Bilbao 17 Sept

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Dos horas de nostalgia

Supertramp repasó sus éxitos en el BEC ante 6.000 fans

19.09.10 - 03:03 - ÓSCAR CUBILLO


El viernes, camino del metro, nos cruzamos con el amigo Topo, un intelectual melómano, y le tendimos la lista con las 20 canciones que Supertramp tocarían esa noche en el BEC. La miró, aseguró conocer todos los títulos, y sentenció: «No falta ningún éxito. Es un listado parecido al del 'París'. Pero no va a ser lo mismo...».
Ya, antes en Supertramp había dos colíderes: el presente Rick Davies, el alma blues de la banda, y el ausente, Roger Hodgson, el marchamo pop y comercial de un grupo jurásico cuya sombra se cernía en la entrada del BEC por medio de los panfletos que se repartían recordando que él era «el compositor de los grandes éxitos», un Hodgson cuya voz aguda fue sustituida por dos gregarios en un concierto donde se le echó de menos.
La gira de Supertramp se nomina '70-10 Tour', en referencia a los 40 años transcurridos desde la edición de su debut homónimo, pero de ese primer LP no rescataron ningún corte. El repertorio escogido duró dos horas y 6 minutos y se ubicó entre 1974 y 1982, y sonaron hasta cinco temas del 'Crime Of The Century' (1974) y otros cinco del 'Breakfast In America' (1979).

La peña pureta y pulcra lo recibió con predisposición positiva, ovacionaba al reconocer bastantes temas tras sonar los pianos iniciales, y en muchos títulos, sobre todo en los de Roger Hodson ('Dreamer', 'It's Raining Again'...), fue ella, la peña, la que con sus cantos sacó las castañas del fuego a los oficiantes.
Había unas 6.000 personas, menos de las esperadas. El respetable lo componían mayoría de hombres entrados en años (¡por una vez no éramos los mayores!). En el grupo, un noneto, figuraban tres originales: el líder Rick Davies, que ni se dignó a dirigirnos la palabra, el saxofonista y gracioso oficial John Helliwell. y el baterista Bob Seibenberg, apenas visible tras los timbales y platillos. El hijo de éste, Jesse, guitarra y percusión, era el que mejor imitaba al ausente Hodgson, mientras que nulo de carisma entonaba Mark Hart, el otro karaoke.

Supertramp actuaron con profesionalismo, en escasas ocasiones llegaron desganados (la jazzie 'Poor Boy') y a menudo iniciaron temas sin garra pero los levantaron en los epílogos progresivos ('Rudy'). Los tres primeros temas sonaron mal, con un parón amenizado con un blues improvisado mientras arreglaban el piano eléctrico.
Pero a la cuarta, 'Ain't Nobody But Me', algo Ray Charles, cambió la acústica y la actitud de los oficiantes, y el bolo mejoró. Se siguió con inevitables éxitos de Hodgson ('Give A Little Bit') y se llegó al colofón progresivo de 'Goodbye Stranger'. Para el bis quedó la mejor pieza de la velada, 'School'.

Al acabar los 126 minutos pasamos junto al puesto de merchandising, donde los carteles reprendían 'no compres pirata' y ofrecían camisetas por 25 euros (¡qué pasada!) y gorras por otros 25 machacantes (¡qué sobrada!). Topo adquirió un llaverito de un teclado bajo el nombre de Supertramp y confesó: «Me ha costado 5 euros. Sé que es una 'timada', pero me he dejado vencer por la nostalgia. Cómo se aprovechan de nosotros, ¿eh?».

http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100919/cultura/horas-nostalgia-20100919.html

 

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